El Foro Abierto es una serie de encuentros que se desarrolla en el marco del Mes de los Futuros de Futuro Usach, con el objetivo de abrir espacios de discusión crítica sobre los desafíos que enfrenta hoy la comunidad universitaria. En la sesión titulada “La Usach como comunidad energética: imaginando la universidad del futuro”, el debate se centró en pensar la energía no sólo como infraestructura o tecnología, sino como una práctica colectiva, situada y profundamente vinculada al cuidado, la justicia y lo común. La conversación reunió miradas desde la investigación, la gestión y la experiencia territorial, con la participación de Gloria Baigorrotegui, Angélica Soto y Paola Escobar, y fue moderada por Carla Rivera, profesora de la Escuela de Periodismo Usach. En la columna que compartimos a continuación, Gloria Baigorrotegui, académica del Instituto de Estudios Avanzados e investigadora en energías, comunidades y políticas, reflexiona sobre las comunidades energéticas como un ejercicio de lo común, visibilizando los trabajos, cuerpos y memorias que sostienen muchas veces en silencio la vida cotidiana y proyectando el rol que la universidad puede asumir en la construcción de futuros energéticos justos y sostenibles.
Quién sostiene la energía cuando nadie mira
Por Gloria Baigorrotegui
El ejercicio de agruparse, confluir, conectar, iluminar, calentar, reparar, mantener y cuidar hogares, artefactos, sistemas, territorios y ecologías es importantísimo para la vida misma. Ahora bien, muchos de estos quehaceres son silentes, especialmente en las grandes ciudades, donde se asume que “todo funciona”. Este supuesto usualmente se sostiene sobre los cuerpos de personas cuidadoras, particularmente mujeres en el ámbito de lo privado y hombres en localidades apartadas, quienes reciben mucho menos reconocimiento y valorización de lo que entregan.
Las energías que sostienen, envuelven, cruzan y materializan nuestros cuerpos (Karen Barad, 2024); son variadas y, como tales, extrapolan el mundo del pago de una factura de electricidad y la inversión en tecnologías más o menos verdes. La creación, el ingenio y los remiendos son claves cuando no todo se da por sentado o resuelto tras el sonido de una tarjeta aprobada para continuar el (sobre)consumo. Aunque es bien sabido que para muchas personas en medio de la ciudad esta posibilidad sigue siendo desafiante, especialmente cuando las facturas y cobros superan lo que se tiene disponible.
Uno de los lugares para proyectar comunidades energéticas es aquel que moviliza las prácticas de lo común en un mundo roto, donde el pasado está enfrente porque ya lo hemos visto (Silvia Rivera-Cusicanqui, 2018). En el caso de las universidades, y de nuestra Usach en particular, la educación es del todo importante y, si es asociativa y cooperativa, permitiría movilizar memorias conjuntas, ideas soñadas en colectivo e iniciativas que han actuado como un motor, una energía única para activar realidades concretas, detonante de modos de aprender haciendo con justicia (Enrique Kirberg, 1981).
En el caso de las nociones de comunidades energéticas contemporáneas, se ha constatado la dificultad para ofrecer modelos de propiedad y gobernanza que se repliquen de manera estándar, así como la dificultad para concretarlas masivamente. En esta guisa, podríamos decir que se comparte la necesidad de financiación para invertir en ellas, de capacitar a sus personas y de regularlas más claramente, de modo que se hagan realidad muchas más, más allá de su implementación puntual.
Lo que parece imperioso en su futuro encarnado es pensarlas desde el campus, reconociendo las tecnologías energéticas como un acople, como resultado de sus posibilidades y no solo como la causa de las energías de la USACH. Son variopintas las comunidades que viven en su interior.
Así, la posibilidad de imaginarnos la comunidad energética Usach podría movilizar beneficios e influencias de manera preventiva, sabiendo que entre lo local, lo global y lo digital se activan disensos y fricciones. De esto sí que sabemos. La Comunidad Energética Usach, si nos permite acoger algunas de las enseñanzas de nuestra historia, podría permitirnos también hablar con propiedad de lo justo, lo sostenible y lo inteligente de las comunidades energéticas desde Estación Central al mundo mundial.











